“Esta es la madre de todas las tormentas.”

El alcalde de Nueva Orleans Ray Nagin le indicó con estas palabras a los habitantes de su ciudad el peligro inminente del huracán Gustav.  En cuanto empecé a escuchar que Gustav se dirige hacia Louisiana, recordé una portada de hace exáctamente un año de la Time:  “Es patético.”

Dos años después de que Katrina golpeó la costa estadounidense, poco o nada se había hecho.  La misma fragilidad de la infraestructura que ocasionó la tragedia en primer lugar es la que prevalece a pesar de todas las voces de alarma.  Décadas de malos trabajos, corrupción y desentendimiento por las autoridades le pasaron la factura a la ciudad con un huracán de categoría 3 (Mitch llegó a categoría 5 en su momento de mayor fuerza).  Gustav es también categoría 3 (puede que llegue a 4), va directo a Nueva Orleans.

En EEUU, el gobierno está bastante asustado, y con mucha razón.  Los republicanos redujeron en gran parte el programa de su convención que inicia el lunes, dejando en firme solaamente las cosas estrictamente necesarias.  Me atrevo a decir que si hay pérdidas significativas (humanas o materiales), el costo político para el Partido Republicano será tan grande que no cabría la menor duda de quién será el próximo Presidente (si a esto también le sumamos la selección para Vicepresidente por parte de McCain).  Creo que debido al temor de la población y la adecuada evacuación que se está realizando en estos momentos las pérdidas humanas serán mínimas, pero realmente no me extrañaría (con toda la tristeza del mundo) que Nueva Orleans quede sumergida otra vez entre aguas, indiferencia e ineptitud.

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