Es muy fácil ver el vaso medio lleno cuando fue uno mismo quien se tomó la otra mitad.

Qué clase de capitán

Ese dicho de “cada pueblo tiene el gobierno que se merece” me asusta cada vez más cuando leo el periódico.   Son contadas las ocasiones en las que una noticia del gobierno me saca un poquito de ese orgullo que nunca tardo en mostrar cada vez que se habla de Costa Rica.
Estoy molesto, una vez más.  Ahora resulta que un Ministro otorgó concesiones mineras a sus familiares.  ¿Por qué es que no podemos tener un poco más de alegrías con nuestros gobiernos?  Reconozco que durante esta administración se han hecho cosas buenas como el avance en obras de infraestructura, la labor mucho más decidida y pronta del MEP, por mencionar un par.  Sin embargo, mi aversión hacia este gobierno es bastante fuerte, y no son pocos los hechos que han motivado ese sentir.  Mi molestia más grande (y quizás lo que hace que otras cosas me molesten aún más) es con respecto a la actitud cínica, desinformada, y extrañamente resentida del Presidente y su hermano ante cosas que muchos costarricenses sentimos como calamidades, y reclamamos como tales.
Por más que quisiera, es obvio que Arias no va a irse a ningún lado, probablemente eso sería contraproducente para el ambiente político en el país.  Quedó electo (por los métodos que fuere), y a lo hecho, pecho.  Lamento, eso sí, que sobre el presidente no se tiene mucho control como lo hay en otros sistemas menos presidencialistas, pero lamento aún más la actitud con la que han encarado durante los últimos años la función pública.  En lo personal, esa actitud la siento totalmente irrespetuosa hacia la población.  A cualquier disidente de las posiciones oficiales que lo manifieste se le acusa de ser un desestabilizador, anti-institucional, irresponsable y malcriado que no quiere el progreso del país.   El dedo acusador ha estado presente en la campaña del referendum sobre el TLC, Crucitas, Cerutti, Cinchona, concesiones mineras, por decir unos cuantos.  No se debe, no se puede estar en contra.   Expresar un parecer distinto parece ser una provocación, un ataque directo a los funcionarios, casi que un intento de golpe de estado, algo totalmente antipatriota.
Ningún gobernante está exento de cometer errores, no hay ninguna duda que durante una gestión se cometerán.  El problema con esta administración es que nunca hemos observado que bajen la cabeza y reconozcan los errores.  Basta ver el apoyo (apología cuasi-beatificación) que le ofrecieron tanto del Ejecutivo como los diputados oficialistas y demás compinches a Clara Zomer.  Claro, resulta que los pobres necesitan de ella.  No podemos (realmente, no podemos) olvidar el memorándum escrito por Kevin Casas y Fernando Sánchez.  El resultado de tan malintencionado texto no fue el que se podría esperar en otros contextos menos intoxicados con cinismo, el diputado sigue con su trabajo en la Asamblea Legislativa.  Ahora resulta que el gobierno nombra a Álvaro Ramos como asesor de la Ministra de Seguridad, quizás para guiarla en los asuntos más básicos relativos a su gestión.  ¿Quizás era necesario que alguien le hiciera ver que su “percepción” no era más que una distorsión?  ¿Acaso no sería más eficaz, y por supuesto muchísimo más barato, nombrarlo a él como ministro?  Dudo mucho que alguien extrañe su labor, su nombramiento fue un error de enorme magnitud.
Sueño con que un día el titular de los diarios sea “Arias: hemos cometido una equivocación y de esta manera lo vamos a enmendar.”  Es un sueño, porque ni el Presidente ni su hermano cometen errores.  A veces me imagino que por las noches se sirven un whiskey y sentados alrededor de una mesa pasan un buen rato riéndose de lo ignorantes que somos todos los demás.

Ya están bajando dedos

Ya se están nombrando sucesores (o sucesora más bien).

No tengo nada en contra de Laura Chinchilla, pero este tipo de declaraciones de tipo “putinesco” por ponerlo en términos, digamos actuales, me provoca un desconcierto y desilusión. ¿Será que nos van a seguir diciendo lo que “es bueno” para nosotros?

Mensajes en el messenger

Estudiando…
De viaje por África…
De vuelta de Noruega…
Estoy en un almuerzo…
Voy para Roma en 15 horas…

A veces me pregunto si es que realmente todo el resto del mundo se tiene que enterar de cada cosa que hacen (porque, no sé, como que si alguien realmente cernano no supiera de por sí para dónde va) o si es que cada vez que nos pasa algo bueno hay que rajar con todo conocido que haya.

Recuerdo la expresión de un amigo una vez que otra persona que raramente veía lo saludó y le preguntó que cómo le iba, a lo que contestó: “¡Vengo llegando de Alemania!” Ahhh, ya… Pura vida. Creo que lo que el compa pensó fue: bueno, le pregunté por compromiso, en todo caso quería saber si estaba bien, pero no me interesaba dónde andabas. Si él no lo pensó, yo sí.

Como que esos mensajitos de messenger me dan un sabor parecido…