Nosotros los economistas…

Publicado en “La Batuta Económica”

Hay quienes dicen que los economistas dominamos muy bien el terreno teórico, pero que fallamos preocupantemente al aplicar nuestros conocimientos en la vida real. Nadie puede cuestionar la importancia de la “economía de pizarras.” La abstracción de la realidad que realizamos por medio de modelos, matemática y razonamiento teórico nos acerca cada vez más a la comprensión de la forma en que los agentes económicos (sean personas, familias o sociedades) toman sus decisiones. Esta es la forma más natural que ha utilizado la ciencia para poder avanzar hacia nuevos conocimientos que mejoren el desempeño del hombre en todos los ámbitos en los que se desenvuelva. Sin embargo, es importante realizar un análisis concienzudo acerca de cuál es la forma en que el economista logra esa mejora para la sociedad. ¿Efectivamente logra trascender su visión teórica para convertirse en promotor de incrementos reales en el bienestar de las personas?

Desde los primeros cursos de la carrera tenemos cierta noción de que el ámbito de incidencia más importante para el quehacer del economista es determinar, gracias a todos esos conocimientos, la forma más apropiada en que una sociedad debe asignar sus recursos y aplicar las políticas acordes con ello. Sin embargo, debemos tener claro que para ello no basta con conocer la mecánica del análisis marginal o las interrelaciones macroeconómicas de economías pequeñas y abiertas, por ejemplo. La aplicabilidad de políticas económicas que realmente funcionen depende de muchísimos aspectos. Una de las razones que me motivaron a estudiar esta carrera se debe a la estrecha relación que debe tener la economía con otras ciencias. Sin embargo, esta flexibilidad que nos indicaría una posible fortaleza de nuestro ámbito de estudio generalmente se convierte en una debilidad muy preocupante. Para que un economista logre comprender todas las implicaciones de sus modelos, de sus números y de sus razonamientos debe tener algo de sociólogo y filósofo. Además, debe tener algo de administrador y de político. Debe poseer características de estadístico, pero también de historiador. De antropólogo y abogado. Matemático y politólogo. Y con ello no bastaría.

Saber mucho de muy poco, en realidad es saber casi nada. De nada vale nuestro trabajo si no es aplicable a una realidad social mucho más compleja que lo que generalmente suponemos. Este aislamiento teórico que sufren muchos economistas (y para nuestros efectos, sufrimos los estudiantes de economía) implica dar pasos hacia atrás en la concreción de nuestros objetivos profesionales. Recuerdo con algún sinsabor la ocasión en la que tuve que admitir ante un familiar uno de nuestros secretos profesionales mejor guardados: gran parte de las decisiones en cuanto a políticas económicas no son tomadas por economistas. ¿Por qué? Porque no nos metemos en política. Precisamente por no ser comunicadores, sociólogos, antropólogos, politólogos… Preferimos escudarnos en la academia o en la vida privada antes que asumir el rol que deberíamos desempeñar. “Aquél que piensa y no es capaz de comunicar a otros lo que piensa, se ubica en el mismo nivel de aquél que no es capaz de pensar.” (Pericles) A criterio personal, incluso consideraría como una falta a la ética profesional de un economista no hacer el esfuerzo por incidir. Por trascender la pizarra y el papel. Por utilizar los números y las fórmulas como un arma, y escudarse con sus propios argumentos y lograr finalmente ganar batallas en las que nunca se olvide el origen social de la Economía… Que los números no son números, ¡son personas!

Considero propicio el momento que atravesamos en la actualidad. Pocas ocasiones en la historia costarricense han comprometido de tal manera a los universitarios, a los futuros profesionales. No debemos permitir que las personas menos informadas y con intereses privados tomen las decisiones de política económica. Como futuros tomadores de decisiones, debemos lograr comprender todas las relaciones que rigen nuestro entorno para incidir en el proceso político de manera que el resultado sea el mejor para la sociedad en su conjunto. En nuestras manos está la responsabilidad.

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